Tintín en el País de los Soviets (Tintin au pays des Soviets – 1930)

1928. Norbert Wallez, director del diario belga Vingtième Siècle y de reconocida ideología derechista, se le ocurre inventar un personaje que mostrara a la juventud belga la verdadera situación de la Unión Soviética. Para ello confía a un tal Hergé, redactor jefe del suplemento juvenil del diario – la revista Petit Vingtiéme -, la realización del proyecto. El resultado sería la creación de Tintín y la que sería su primera obra de muchas, “Tintín en el País de los Soviets”.

El cómic que primero sería seriado en el suplemento y después se publicaría en formato único, narraba las aventuras de un periodista belga, Tintín, y su inseparable perro Milú en la Unión soviética. Allí, a través de la sátira y numerosos gags al más puro estilo cinematográfico del cine silente, se encargaría de demostrar la verdadera faz de un país que se jactaba de tener una economía en auge y una estructura desarrollada.

Cómic propagandístico, lleno de errores de coherencia y con un dibujo mediocre. Así se iniciaba la historia del que sería después un icono del 9º arte. El propio Hergé renegaría de su primera obra y no sería hasta muchos años de después de su éxito mundial cuando este album vería la luz de forma adecuada y no en los canales piratas subterfugios. Y no es para menos. Las supuestas falacias que la URSS mostraba al mundo nos son exhibidas de una forma manipuladora, tosca y burda. Habría que situarse en la época donde este libro fue publicado, es decir, los años 30 pero hoy en día no supera la mínima revisitación. Fuera de época es un cómic lleno de fallos en todas sus líneas. El guión es absurdo con un nivel de realidad cercano a la fantasía irracional que nos enseña las supuestas barbaridades de los soviéticos ensalzando de manera obvia las estructuras occidentales y europeas. Pura manipulación en la que el lector se encuentra incómodo y molesto. Y el dibujo se encuentra lleno de trazos irregulares, saturado de inexactitudes y con la sensación de estar hecho a desgana e incluso inacabado. Menos mal que con los álbumes siguientes (obviando ese alegato colonialista y racista que es “Tintín en el Congo”) elevarían la calidad a cotas sobresalientes y convertirían a Hergé en un genio de la viñeta porque su debut no pudo ser más amargo. Recomendado solo para coleccionistas.

Puntuación: 1 sobre 10.

Lo mejor: Conocer el origen de Tintín.

Lo peor: La burda manipulación que sufrimos.

La escena: La portada.

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~ por hpkorgan en 24 marzo 2011.

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