La Herencia Valdemar (2010-2011)

“No está muerto lo que puede yacer eternamente y con extraños eones incluso la muerte puede morir.”.

H.P. Lovecraft, el genio de Providence. Un autor sobre el que han versado ríos de tinta debido a su tortuosa vida y, sobre todo, por su oscura obra. Alejado de la vertiente existente en aquel momento (finales del siglo XIX-principios del XX) basada en un horror  tradicionalista fundamentado en fantasmas y demonios, Lovecraft crea un nuevo género cimentado en la mezcla de la ciencia-ficción y el terror gótico con la existencia de razas alienígenas, viajes en el tiempo, dioses antediluvianos o la existencia de otras realidades conviviendo con la nuestra. El llamado terror cósmico materialista.

Muchos autores han intentado recoger su legado en diferentes campos: literatura (Lone Sloane), música (Metallica, Cradle of Filth), arte (H.R. Giger), cómic (Hellboy) y, el que más lo ha intentado pero con resultado más irregular, el cine. Muchas obras han adaptado ambientes con gran rendimiento como “Alien, el 8 Pasajero” de Ridley Scott o “La Cosa” de John Carpenter pero cuando se ha intentado adecuar uno de sus libros al celuloide, nunca se ha conseguido captar el espíritu de su obra, más bien se han convertido en productos mediocres, gores y faltos de calidad. Ejemplos: “From Beyond” de Stuart Gordon o “La Mansion Cthulhu” de nuestro querido Juan Piquer Simón. Solo cintas que han olvidado la seriedad de las narraciones y han optado por su propio camino han obtenido buenos resultados: “Reanimator”, “En la Boca del Miedo” o “Posesión Infernal”. Así que cuando se anunciaba un proyecto español que pretendía adaptar el universo creado por Lovecraft, cuanto menos era interesante seguirlo. ¿El resultado? Muy desigual.

Su director José Luis Alemán, un realizador novel, quería una obra díptica, es decir, dos películas que fueran una sola pero se estrenaran en dos partes (estilo “Kill Bill” de Tarantino para entendernos). Además contaría con un presupuesto extenso – de los más caros de la historia del cine español – y la independencia de no pertenecer al ámbito gubernamental, es decir, que no contaría con subvenciones estatales. Esto es una ventaja y un inconveniente. Ventaja porque te permite llevar a cabo tu proyecto sin injerencias exteriores y sin tener que contar con el absurdo enfoque social que exige el Estado español para apoyar económicamente un filme.  E inconveniente porque, aparte del obvio descenso monetario que obliga a buscar financiación por otros lados, no es bien visto en este país películas que se salgan del entramado creado audiovisual y que puedan llegar a romper la tónica existente actualmente. ¿Y esto por qué? Pues porque si se demuestra que es posible salir adelante y tener cierto éxito con una estructura donde los ingresos provienen de inversores privados o creando nuevas fórmulas basadas, por ejemplo, en la publicidad en las entradas crearía un precedente que haría peligrar el actual sistema del cine. Y eso sin ahondar mucho en el tema seguro que es peligroso para algunos que viven de ese negocio. Y si no, pregúntele a Ademán que ha tenido que denunciar los obstáculos, e incluso amenazas, que ha sufrido por estar aparte del sistema establecido gubernamental.

Pero centrémonos en las películas en sí. Dos obras totalmente diferentes nos esperan con cada entrega. La primera parte nos lleva a conocer la historia de la familia Valdemar en el siglo XIX, un matrimonio, Lázaro y Leonor, separado por una serie de sucesos sobrenaturales provocados por la inquietud de Lázaro de descubrir realidades ocultas y la llegada a su vida de un inquietante personaje, Aleister Crowley. Y ese es uno de los puntos interesantes de los dos filmes, la incorporación de celebridades míticas en el mundo de lo sobrenatural como el propio Crowley, Bram Stoker,  Lizzie Borden o el mismísimo Lovecraft. A la vez que se nos narra los sucesos acontecidos en el pasado, se nos muestra el momento presente donde la desaparición de varios tasadores inmobiliarios en la mansión Valdemar hace que la compañía contrate los servicios de un prestigioso detective para intentar averiguar los hechos. Una situación que se verá extendida en la segunda parte (“La Sombra Prohibida”) llegando al final del misterio.

Los actores encargados de llevar a cabo este proyecto son Danielle Liotti y Laia Marull como el matrimonio Valdemar; Óscar Jaenada como el detective Nicolás Tremel; Silvia Abascal como Luisa Llorente, la tasadora inmobiliaria secuestrada; Ana Risueño como la doctora Cervía, representante de la empresa propietaria de la mansión y un elenco de secundarios inolvidables dentro del cine español con especial preponderancia en los fallecidos recientemente Paul Naschy y Francisco Maestre. Pero en el reparto hay algo que comentar. Mientras en la primera parte las interpretaciones son normales y no destacan ni para bien ni para mal, en la segunda parte destruyen la obra. Lamentables actuaciones las que observamos en “La Sombra Prohibida”. Me resulta incomprensible que actores de la talla de Jaenada, Abascal o Risueño nos torturen con tan horribles registros en sus papeles. Me hace preguntarme si el guión es tan mediocre que hace imposible meterse en sus roles pero la verdad es que el reparto de la segunda entrega es de lo peor que estos ojos han podido ver en el cine. Y he visto mucha basura cinéfila, créanme.

Pues esta sensación de abrupta separación entre las cualidades de la primera y la segunda entrega se repiten en todos sus elementos. El guión que en su inicial propuesta es un libreto pausado, detallado y lleno de matices que recuerda al mejor cine de terror de los 60 y 70 se convierte en un despropósito aberrante falto de coherencia y ritmo que nos lleva cual montaña rusa por una serie de sucesos inexplicables desde el punto de vista narrativo. Es como si una conversación sin interés sacada de la vida real se extrapolara a la pantalla sin ese necesario lenguaje fílmico que toda película requiere. Además, los sucesos de la trama son encabalgados sin adherencia ninguna como si de un collage irreal se tratara. Muy deficiente. Si de algo se salva el paso entre una y otra parte del díptico son los excelentes efectos visuales que existen en las dos entregas. Mientras en la primera vemos como seres innombrables surgen de otra dimensión, en la segunda se nos obsequia con la presencia de uno de las criaturas más espectaculares, el gran Cthulhu. Ese punto, perfecto pero para todo lo demás muy decepcionante. Y es una verdadera pena porque la primera película apuntaba maneras de obra grande dentro del género con una apuesta arriesgada – que incomprensiblemente recibió numerosas críticas que obligaron al propio director a pedir disculpas por sus trabajo (sic) – que quizás debido a las presiones exteriores se convierte en un producto mediocre, simple y ordinario en su continuación. Una gran desilusión.

Puntuación: 5 sobre 10 (7 para “La Herencia Valdemar” y 3 para “La Sombra Prohibida”)

Lo mejor: Una excelsa primera parte, terror clásico de la mejor escuela.

Lo peor: Una nefasta segunda parte que tira por tierra todo lo bueno hecho con anterioridad.

La escena: La aparición de Cthulhu.

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~ por hpkorgan en 23 marzo 2011.

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