The Walking Dead (1 Temporada – 2010)

Seguidor incondicional como soy del cómic (13 tomos – y los que quedan – lucen en mis estanterías) y admirador de la obra de Frank Darabont en su particular aportación al cine (“The Mist”, “La Milla Verde” o la extraordinaria “Cadena Perpetua”), este proyecto levantaba en mí, como poco, expectación. Y aún más después de ver un espectacular episodio piloto semanas antes de su estreno oficial que me dejó boquiabierto. Lo dicho, increíbles expectativas. Pues bien, ahora después de haber visto la primera temporada completa ya puedo dar mis primeras opiniones.

Seis episodios componen esta primera aproximación al universo creado por Kirkman y seis diferentes directores se ocupan de dirigirlos, en concreto: Frank Darabont, Michelle MacLaren, Gwyneth Horder Payotn, Johan Renck, Ernest Dickerson y Guy Ferland. Menos el primero, todos los demás son especialistas en dirigir series de televisión de éxito como “The X-Files”, “Dexter” o “The Wire” así que, a priori, esta faceta parecía bien cubierta. Y después de ver todos los episodios puedo asegurar que la dirección raya a gran altura pero no es ese el problema de esta primera temporada.  ¿Cuál? El guión y eso es algo que sorprende y mucho ¿por qué? Pues porque todos los episodios están escritos y supervisados por el propio creador de la serie que tantos grandes momentos nos está haciendo vivir mensualmente en su edición en papel, el sr. Robert Kirkman. Sin meterme en destripar el argumento son incomprensibles los giros dados en esta temporada con respecto a su homólogo comiquero. ¿Qué coño son esos negros raperos armados gobernados por una abuelita o ese absurdo final con intento de lágrima incluida que cierra la temporada? No hay por donde cogerlo.

Pero por los cambios no es por lo que protesto ya que tengo que posicionarme a favor de algunos que amplían y profundizan aun más el cómic como son los nuevos personajes, el mayor desarrollo de los ya existentes o los momentos dramáticos muy bien sostenidos – difíciles de sentir en papel – como por ejemplo el encuentro entre Rick y el zombi destrozado del primer episodio (Aplauso para Darabont). Pero el resto es una verdadera pena porque lo mostrado en el episodio piloto es sencillamente espectacular, un capítulo prácticamente perfecto en todos sus apartados pero que ya sin la batuta de Darabont se va diluyendo con el paso de las siguientes entregas.

En cuanto al terreno del reparto, los actores y actrices escogidos son impecables. Todo aquel que se esté leyendo los cómics verá la exactitud física de las personas escogidas que además se verá reforzada por la calidad de sus interpretaciones, muchos de ellos ya clásicos en la filmografía de Darabont. Por partes: Rick (Andrew Lincoln) correcto pero habrá que ver cómo se desenvuelve en un rol tan complicado y que varía tanto de registros a lo largo de la serie; Dale (Jeffrey DeMumm) perfecto en el que de momento quizás sea el más acertado de todos los existentes, no por ello es el actor más experimentado y al que hemos podido ver como secundario en infinidad de obras importantes y Glenn, Andrea, Carl o Shane cumplen sobradamente con lo que se les exige aunque, como lo comentado con Rick, habrá que ver como resisten el tortuoso y cruel camino que les espera. Después personajes inexistentes en el cómic como Merle (Michael Rooker, el gran psicópata de “Henry, Retrato de un Asesino”) o su hermano Daryl (Norman Reedus) enriquecen la cosmogonía de Walking Dead de una manera brillante. Acaso el único punto negro sea Lori (Sarah Wayne “Prison Break”), un personaje fundamental en gran parte de la obra que aquí es interpretada por una actriz mediocre que, a mi parecer, le viene grande el papel.

Como veréis, en una serie de zombis todavía no he hablado nada de ellos y eso es otro punto a favor porque si de algo destaca esta obra es que los muertos vivientes son actores secundarios de la historia. Lo verdaderamente importante aquí son los seres humanos, sus relaciones y los límites hasta donde son capaces de llegar en una situación tan extraordinaria como esta. Pero si de todas formas nos centramos en ese apartado, su puesta en escena también se merece el notable. Los efectos visuales y de maquillaje del amigo Greg Nicotero, famoso ya por sus participaciones en películas fantásticas de toda índole sobresaliendo las entregas de Romero, son sensacionales y además me han resultado gratamente favorables porque no existe ningún tipo de censura gráfica, algo a lo que parecía destinado un producto comercial para todos los públicos como este. Pero no, nada de eso, decapitaciones, desmembramientos, cuerpos descuartizados, casquería, zombis de todo tipo – incluso niños – que no se ven absueltos de sufrir todo tipo de barbaridades. Un aplauso por ello.

Pero, como he destacado, todos estos elementos favorables (que los tiene la serie y muchos) se ven oscurecidos por un guión decreciente que va perdiendo calidad con el paso de los episodios. Algo inexplicable si contamos que tiene como espejo una obra tan buena como su versión en viñetas y que, con sólo haber seguido su estructura, estaríamos hablando de una serie sobresaliente que por el contrario se vuelve simplemente aprobable. Esperemos que en las siguientes entregas esto cambie y se vuelva al espíritu mostrado en sus primeros episodios. La esperanza es lo último que se pierde.

Puntuación: 5’5 sobre 10.

Lo mejor: El primer episodio.

Lo peor: Un guión que va despedazándose por momentos.

La escena: La llegada de Rick a Atlanta.

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~ por hpkorgan en 11 marzo 2011.

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