Fallout 3 (Xbox360 – 2008)

“La guerra, la guerra no cambia nunca. Desde los albores de la humanidad, cuando nuestros antepasados descubrieron que podían matar con rocas y huesos, se ha derramado sangre en nombre de Dios, de la justicia, o simplemente de la rabia psicótica”.

En 1997, llegaba al mundo de los videojuegos una obra que rompería los moldes hechos hasta entonces. Un juego futurista y post-apocalíptico que mezclaba brillantemente elementos de rol y acción con una profundidad nunca vista antes. Su nombre, Fallout. Tras casi un año y muchas horas invertidas, terminé una historia que marcaría mi devenir en este mundo llamado de los videojuegos. Había pasado de obras de entretenimiento (algunas obras maestras, eso sí) tipo arcade o plataformas a un estilo de juegos con una capacidad de toma de decisiones y complejidad que te hacían inmiscuirte por completo en una historia inolvidable. Después llegarían obras como Baldur’s Gate que ampliarían este concepto a cotas inimaginables pero como diría aquel eso es ya otra historia. La saga la continuaría una segunda parte, más intensa, complicada y gamberra que nunca tuve el placer de disfrutar por la inexistencia de una traducción al español pero que hace relativamente poco compré a buen precio en forma de trilogía de la que ya daré cuenta en su momento.

He querido dejar claro con esta introducción que Fallout para mí fue la iniciación al rol audiovisual e interactivo, un género del que nunca pude separarme jamás y que me daría algunas de las mejores etapas de mi vida. Así cuando unos años atrás, decidí por fin compaginar mi pasión por el PC con el mundo de las consolas, encontré la tercera parte de uno de los juegos que había cambiado mi vida. No era la misma compañía, ya que Interplay había cerrado su división Black Isle y era Bethesda la encargada de llevar a cabo el proyecto, pero daba igual, era una oportunidad que no podía dejar escapar. Ahora, tras más de 150 horas de juego (quizás al que más horas he jugado después de Baldur’s Gate II) puedo decir con total rotundidad que nos encontramos ante una obra maestra.

Al igual que en su primera parte, empezamos nuestra historia en un refugio protegido del mundo. Un lugar que ha quedado prácticamente devastado tras una guerra nuclear y del que no conocemos casi nada. Radiación, violencia y kilómetros de destrucción son la única información que poseemos de ese planeta para nosotros desconocido. Una historia que vivimos desde nuestro nacimiento, ya que la primera imagen que vemos del mundo es nuestra llegada a la vida por el vientre materno. Así, poco a poco, vamos creciendo en el refugio hasta que en nuestra mayoría de edad sucede lo inconcebible, tu padre ha huido del refugio y te ha abandonado a tu suerte. Huérfano de madre tras nacer y desamparado, somos obligados a salir del refugio donde nos hemos criado hacia un mundo exterior vasto y desconocido. Y es ahí donde comienza nuestra verdadera historia…

Miles de lugares por descubrir, cantidad de personajes con quien dialogar y una infinidad de misiones nos esperan tras cruzar la puerta de nuestro amado refugio 101. Es  impresionante la variedad de zonas a la que podemos ir, la multitud de detalles que impregnan cada escenario, conversaciones complejas, toma de decisiones que marcarán nuestro devenir por el juego, una IA  de los PNJs realmente asombrosa con una moralidad inexistente que refleja de una forma tan real nuestro propio mundo que realmente asusta. Les digo que es un territorio tan extenso que por algo su media de juego sobrepasa las 100 horas con poco que disfrutes de la exploración y el completismo.

Pero pasemos a analizar las facetas del juego.  Para manejarnos por el mundo disponemos de un artefacto llamado Pipboy que nos sirve como organización. Dividido en tres categorías, en él encontraremos toda la información para desarrollar nuestro juego. Primero las características más roleras, es decir, nuestra salud general, niveles de radiación, atributos (fuerza, agilidad, etc.), características propias, habilidades, moralidad. Segundo, nuestras armas, munición, objetos, medicinas, drogas, ropa, armaduras. Tercero, mapas, misiones, objetivos, notas. Pero cada cosa no es tan simple como pueda parecer sino que contiene un grado de complejidad abrumador. Pongamos algunos ejemplos, podemos convertirnos en adictos si consumimos demasiadas drogas; tenemos que ir reparando nuestras armas debido a su uso constante; podemos quedar mutilados en algunas partes del cuerpo como brazos, cabeza o tronco; nuestras opciones durante el juego harán que tengamos una moralidad que también influirá en nuestras relaciones con los demás; encontraremos libros repartidos por todo el mundo que nos ayudarán a subir nuestras habilidades; con cada nivel se nos presentarán diferentes opciones con las que podremos mejorar nuestro personaje que también vendrán influidas por hechos anteriores; tendremos a nuestra disposición cientos de armas diferentes: lanzamisiles, escopetas, metralletas, pistolas, lanzallamas, bazookas, cuchillos, mazas, láseres… y así un largo etcétera en todas las facetas del juego.

En cuanto a la vista, podremos escoger entre la primera o tercera persona, es decir, un shooter al uso o una cámara más alejada en plan cenital. Pero tengo que decirles que esta segunda opción es poco recomendable ya que los movimientos son toscos e irreales mientras que la primera persona es todo un lujo en jugabilidad. Para entrar en acción nos bastará con disparar con el gatillo pero el juego aporta a modo de homenaje a su primera parte, el sistema VATS, una opción que hace más fácil la acción ya que contaremos con una especie de campo en pausa que nos permitirá disparar a partes del cuerpo con una cierta probabilidad de éxito que dependerá de nuestros puntos de acción, agilidad, destreza en esa arma, puntería, etc. Como podéis ver, cualquier punto del juego está llevado a un nivel de detalle espectacular. Nada está dejado al azar, es un videojuego que nos absorbe y nos hace partícipes de verdad de toda la historia y el universo creado.

Nuestra relación con los personajes y criaturas del Fallout dependerá, como ya he comentado, de nuestra actitud y nuestra experiencia anterior. Así, un héroe será venerado y tratado con honor y educación por personajes buenos, mientras que un asesino encontrará cobijo entre sus semejantes y puede conseguir respeto a base del miedo en sus viajes, o también ser una persona neutral que pasa indiferente. Eso en cuanto a los PNJs. Respecto a las criaturas la riqueza es incontable: animales mutados (osos voraces, monstruos implacables, cerdos, insectos gigantes, perros salvajes…); mutantes despiadados  que dominan el yermo y la capital estadounidense, carniceros salvajes e incluso hasta extraterrestres si se explora con asiduidad. El territorio es inmenso: casas abandonadas, pueblos fantasmas, colonias de humanos y salvajes, tribus asesinas, hermandades que veneran la tecnología y el armamento, vampiros, comerciantes, miles de kilómetros de túneles subterráneos, nómadas… Es sencillamente increíble explorar y disfrutar del yermo creado por Bethesda porque aquí, al revés que lo vendido en otras obras, sí que encontramos una libertad absoluta. No hay nada que nos dicte el camino, podemos decidir seguir la misión principal, perdernos por decenas de misiones secundarias, dedicarnos a entablar contacto con las personas, convertirnos en un asesino o ser un vagabundo que pasa del mundo. Es tu elección.

Gráficamente sin ser un referente en las consolas, cumple de sobra con su trabajo ya que la creación del extenso universo mostrado nos hace olvidar esos pequeños detalles mejorables visualmente. El sonido también es excelente ya que escucharemos hasta el paso del viento sobre la arena, una explosión nuclear a kilómetros o conflictos armados entre facciones de las que nosotros permanecemos ajenos.

El doblaje del juego al español es otro de los puntos fuertes. Voces conocidas por todos en el mercado español son los encargados de dar voz a los miles de personajes de Fallout. Y la banda sonora, ambientada en el unos años 50 donde el mundo quedó anclado tras la destrucción nuclear, nos transportará hacia esa década de mitad de siglo. Quizás más variedad en las canciones hubiera sido más disfrutable ya que después de tantas horas se te hace algo pesado escuchar una y otra vez las mismas melodías. Pero es, globalmente, un detalle insignificante.

La verdad es que podría hablar líneas y líneas sobre el juego si me parara a detallar cada elemento pero prefiero que el lector disfrute por sí mismo de la maravilla creada por Bethesda para esta nueva generación.  Era difícil superar lo conseguido por Black Isle con las primeras entregas pero los chicos de Bethesda lo han conseguido y con creces. No puedes asegurar ser un amante de los videojuegos si no has disfrutado del vasto yermo. Bienvenidos al mundo de Fallout.

Puntuación: 10 sobre 10.

Lo mejor: La complejidad y nivel de detalle de cada elemento del juego.

Lo peor: No poder subir de nivel de forma ilimitada.

La escena: La primera visión del yermo.

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~ por hpkorgan en 7 marzo 2011.

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