Cristal Oscuro (The Dark Crystal – 1982)

DarkCrystal

“En un mundo de fantasía habitaron hace millones de años unos seres llamados Urskeks, que vivían en paz y armonía… hasta que uno de ellos dañó el centro de su mundo, su más preciado tesoro: el Cristal Oscuro. Su mundo cambió a partir de ese momento, los Urskeks se dividieron en dos razas, los sabios Místicos, que viven en continua meditación apartados de la sociedad; y los malvados Skekses, quienes reinan la tierra, dominando a todas las razas con su crueldad. Pero todo no podía quedar así, y, según la profecía, un Genfling completaría el Cristal Oscuro, y repararía la caótica situación reinante. Por eso los Skekses exterminaron a todos los Genflings, menos a uno; Jen, el último de los Genflings, que fue adoptado por los Místicos, quienes le enseñaron toda su sabiduría, dándole pie a salvar el mundo, tras ver que la gran conjunción de soles está cerca…”

 

Aquellos maravillosos años, es decir,  la década de los 80. Para los afortunados que tuvimos el honor de que nuestra infancia perteneciera a tan prolífica y mágica década de cine infantil y fantástico, tenemos grabada en nuestra memoria una serie de películas que por mucho que avancen los años siempre quedarán fijadas en nuestro recuerdo.  Una de las más espectaculares y menos valoradas en su tiempo fue “Cristal Oscuro”, una fábula oscura supuestamente dirigida a niños pero llena de matices adultos que no entiende de edades. Una joya dentro de tantos rubíes, zafiros o diamantes que llenan la corona  fantástica de la década de los 80.

 

Hecha por completo con marionetas, animatronics y con un escenario completamente móvil y lleno de vida,  algo totalmente novedoso en su época; Jim Henson (el genio detrás de Barrio Sésamo, Fraggel Rock, Dentro del Laberinto…) y Fran “Yoda” Oz tardaron cinco años en crear esta maravilla del celuloide incomprendida en su tiempo y que con el paso de los años ha ocupado un incontestable puesto de honor dentro del género fantástico. Una historia llena de ese tipo de magia única e irrepetible que consigue transmitir esa sensación de melancolía y nostalgia al recordar nuestra infancia. Con reminiscencias del Señor de los Anillos, estamos ante la histórica lucha entre el bien y el mal, pero con la salvedad de que en esta ocasión forma parte de un mismo conjunto: una no puede existir sin la otra. Personajes alucinantes salidos de la imaginación del artista Brian Froud y una banda sonora de Trevor Jones sobrecogedora y llena de fantasía. Un filme oscuro y tétrico que se ha ganado por méritos propios la etiqueta de clásico imprescindible del género.

 

Puntuación: 9 sobre 10.

 

Lo mejor: Fantasía de dieciocho quilates.

 

Lo peor: Su incomprensible fracaso en taquilla.

 

La escena: Toda la introducción.

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~ por hpkorgan en 27 julio 2009.

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